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BUTACA FESTÍVAL DE TEATRO DE MONTERÍA

La semana pasada tuve la fortuna de asistir al que considero, a criterio personal, el mejor festival realizado en 2017 en Montería. Butaca Festival no solo puso alta la vara en la ciudad, sino que también superó cualquier marca que se había dejado hasta la fecha. Son muchísimas las razones que podría enunciar para argumentar el avasallador éxito de Butaca: sus magníficos contenidos, la coherencia de su mensaje “Teatro, memoria y paz” con las puestas en escena, la participación real y comprobada de toda la ciudadanía, la reivindicación de las zonas de tradición rural y campesina, la apuesta verdadera del arte en la construcción de una mejor sociedad,… pero lo que considero más importante de compartirles fue el hecho de que sus organizadores, en cabeza de Raquel y Manny, se dieron la tarea de pensar dedicada y minuciosamente en cómo darle cuerpo a las letras que usualmente dejamos en los papeles de trabajo de la formulación de proyectos.

 

El cuerpo del Butaca fue excepcionalmente hermoso por su carácter transgresor, por su falta de interés en entretener a la audiencia o en complacer a sus sponsors, y concentrarse en hacer explicitas (sin mascaras ni falsos discursos “políticamente correctos”) las realidades que históricamente nos han afectado y que de manera intencional y descarada nos exigen que ocultemos.

Cada noche de presentaciones en las que participé del festival fue una cátedra magistral sobre paz con una pedagogía directa al corazón. La Fundación Arte y Vida con su muestra teatral Los Fantasmas del Silencio nos develó lo hipócritas y deshumanos que podemos llegar a ser cuando clasificamos bajo escalas sociales a nuestros muertos y solo recordamos a los que encabezan los amarillistas titulares de los periódicos. La Real Compañía del Sinú y su obra La Casa nos invitó a superar las ataduras autoimpuestas del horrorífico pasado y a tejer nuevas historias de luz y esperanza. La Fundación la Vida Cuenta y su apoteósica presentación Un Camino por Recorrer nos estremeció de buenas y bellas emociones hasta las lágrimas, por comprobarnos que las niñas y niños no son sujetos pasivos y espectadores sumisos en la construcción de convivencia pacífica. Mandrágora Teatro y su apuesta escénica Alzados en Almas puso en la palestra pública la realidad sanguinaria, invisibilizada y negada, de las personas que se construyen más allá de la heteronormatividad y la combinación binaria. Y el broche de oro del Butaca fue con la agrupación Renacer, integrada por excombatientes de las FARC, y su presentación musical cargada de mensajes positivamente subversivos en contra de un sistema de dominación que nos ha hecho ignorar que el arte es una herramienta política y de justicia social.  

Mis más profundas felicitaciones, respeto y admiración a todas las personas que contribuyeron con el Butaca Festival.

La invitación a todas y todos nosotros los que transitamos en este camino de lo social es a cuestionarnos sobre la manera cómo materializamos nuestras “buenas intenciones” y lanzar una mirada auto-crítica sobre aquellas posturas complacientes, entretenedoras, publicitarias y cosméticas, especialmente en las relaciones con nuestros cooperantes y aliados estratégicos. Recordar el génesis de las organizaciones sociales y aprovechar las condiciones actuales para seguir defendiendo nuestras causas y luchas.