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La semana pasada tuve la fortuna de asistir al que considero, a criterio personal, el mejor festival realizado en 2017 en Montería. Butaca Festival no solo puso alta la vara en la ciudad, sino que también superó cualquier marca que se había dejado hasta la fecha. Son muchísimas las razones que podría enunciar para argumentar el avasallador éxito de Butaca: sus magníficos contenidos, la coherencia de su mensaje “Teatro, memoria y paz” con las puestas en escena, la participación real y comprobada de toda la ciudadanía, la reivindicación de las zonas de tradición rural y campesina, la apuesta verdadera del arte en la construcción de una mejor sociedad,… pero lo que considero más importante de compartirles fue el hecho de que sus organizadores, en cabeza de Raquel y Manny, se dieron la tarea de pensar dedicada y minuciosamente en cómo darle cuerpo a las letras que usualmente dejamos en los papeles de trabajo de la formulación de proyectos.

La noche fue perfecta: de fondo un telón negro y dos pantallas en cada extremo del escenario que daban la sensación de encontrarte en un verdadero teatro. Las personas empezaron a llegar, cada una con un brillo en la mirada, reconozco ese brillo, el brillo de la expectativa. El evento inició, se escucharon las palabras de los organizadores como teloneras de lo que les esperaba por presenciar al público.